Juntos pero no revueltos.

La semana pasada me acerqué a la National Gallery para ver la exposición sobre Delacroix y su influencia en los artistas posteriores. Me sorprendió ver un Kandinsky en la última sala, la verdad. Me cuesta creer que el ruso pensase en Eugene Delacroix en algún momento de su proceso creativo. Pero, si los comisarios lo dicen, yo me lo creo. Porque me gusta meterme en el proceso y razonamiento del propio comisario. Investigan, teorizan, priorizan y llegan a conclusiones que te enseñan a mirar una obra de una manera que no esperabas. Aprendí en esta exposición que Matisse consideraba al artista francés del siglo XIX el influyente por excelencia. Llegó a decir algo como “Nos puedes encontrar a todos en Delacroix”. Así que escudriñé cada obra que presentaban como clara consecuencia del estilo de Delacroix y me encontré con paisajes delicados, animales con movimientos imposibles, bodegones de flores y frutas muy delicados, que me dejaron estupefacta. Y todos estos temas, con estilos muy diferentes ya que presentaron tanto coetáneos del artista, como artistas inmediatamente posteriores, hasta las primeras vanguardias.

Las palabras de Matisse son hermosas. Él aprendió mirando a Delacroix y conscientemente lo asume y lo refleja en su obra… Pero digo yo, y ¿qué hay de lo demás? De la influencia de artistas que él ni siquiera habría tenido en cuenta, o simplemente del devenir del tiempo, de su presente y su propio pasado. Cada artista está influenciado por su entorno, y este por la sociedad global pasada y en la que se encuentra. Allá por 1853, cuando Delacroix era ya un artista maduro con una carrera más que consolidada y faltaban más de diez años para el nacimiento de Henry Mattise; el respetado mecenas y crítico de arte inglés John Ruskin decidió apadrinar a la joven aspirante a artista Elizabeth Eleanor Siddal. Esta mujer es más conocida por su faceta de modelo, ya que posó para la hermandad pre-rafaelita durante años. Se trata de la lánguida Ophelia de Millais. Lizzie Siddal no tenía formación artística y se murió demasiado joven. Por eso su obra no ha tenido la oportunidad de mejorar y madurar. Pero Ruskin llegó a decir que el talento de Miss Siddal era tan grande e innato que podría haber superado a cualquiera de los (bastante vanidosos) pintores de la hermandad victoriana. Puede que por la falta de formación, Lizzie no conseguía retratar con detalle las facciones de sus modelos, pero su trazo suave y claramente naive me hace pensar que quizá Ruskin era de verdad un visionario. Vio en el trazo de Lizzie las futuras obras maestras de Matisse. ¿Por qué no? Matisse se veía en Delacroix… y yo lo veo en esta aprendiz de artista que queda en el tiempo exactamente en el medio de los dos franceses.

The Lady of Shalott. Elizabeth Eleanor Siddal

The Lady of Shalott. Elizabeth Eleanor Siddal

 

Pongamos una linea temporal. Nunca se rompe y unos no existen sin los otros… el caso es que unos pasan más inadvertidos que otros.

Imagen de : http://www.artmagick.com/pictures/picture.aspx?id=6210&name=the-lady-of..

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