Las tempestades viejas y El Caminante de Friedrich

Una parte de mi dejó de existir cuando te fuiste. Te olvidaste de cerrar la puerta y por la rendija se escaparon muchas tempestades viejas. Ya no escribo torcido, ni tengo miedo a estar sola. Ya no me imponen las grietas gigantes que se han formado en las paredes del mundo.

Te agradezco todo eso. Aunque me hubiese quedado como estaba si pudiese en cambio haberte conocido. Un ratito.

Creo que te has convertido en algo parecido a mi conciencia. O a mi rutina. Te echo de menos tanto, que es como si estuvieses aquí. Y no estás. Pero estás. Y no.

Como el Caminante, me siento libre mirando la furia del mar, que seguramente es la mía, pero ya no me molesta.

Desde que te fuiste (y te quedaste) miro las tempestades viejas y las abrazo mucho menos confusa. Son libres. Las he dejado marchar por esa puerta que dejaste abierta. Y no la voy a cerrar… para poder mirarlas y también por si quieres venir de visita un día, y enseñarme a nadar.

El caminante sobre el mae de nubes.

El caminante sobre el mar de nubes.

Caspar David Friedrich pintó este óleo sobre tela en 1818. Lo catalogamos dentro del romanticismo no solamente por la época, sino por el empuje que tiene en mostrar sentimientos extremos. Al filo. Totalmente opuesto a sus predecesores, casi contemporáneos, neoclásicos. Aquí el caminante se encuentra un mar de nubes, que se asemeja a una tempestad marina. Otra de sus obras más celebradas es el Monje mirando al mar, que para mi es la más bella, además de un antecedente para la pintura abstracta que vendría en años posteriores.

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