Violencia de género: Las acciones de Luz Darriba I

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Violencia de género o violencia machista. Concepto asimilado en la sociedad actual pero tergiversado, negado, fagocitado y estigmatizado hasta la saciedad.

Habiendo en 2024 grupos sociales que niegan la violencia de género ante 1.243 mujeres asesinadas desde el inicio de la recopilación de estadísticas en 2003, cabe pensar, tristemente, que hay algo que no cuadra. Que no se trata solamente de denunciar lo que está pasando e implantar medidas de protección. Hay un trabajo intenso de educación de raíz que está fallando. Educar en la igualdad y en el respeto es mucho más complicado de lo que parece en un principio puesto que se trata e romper con un sistema patriarcal enraizado que interrumpe cualquier tentativa de mejora inmediata.

Hacen falta generaciones enteras de reconstrucción, educación y terapia para erigir una sociedad libre de violencia de género.

Las artistas que tratan este tema han intentado desde los años 60 levantar la voz en aras de una solución y, cada una en su franja temporal y territorial, han hecho ver a sus contemporáneos lo grave de la situación.

Luz Darriba ha hecho, y sigue haciendo, obras y acciones que rompen los esquemas del público. Mediante obras de arte y acciones callejeras pone su grano de arena en esta lucha lenta y a contrarreloj. Las que más han calado, una vez más, son las efímeras. Parece contradictorio pero, con el paso de los años, las acciones que solamente han durado días o meses, son las que más se recuerdan entre las personas que tuvieron la oportunidad de vivir o conocer por la prensa.

Patchwork: Farrapos por la no violencia contra las mujeres 2004

Esta obra fue recogida por toda la prensa nacional. En Santiago de Compostela durante dos días la Plaza del Obradoiro estuvo recubierta por telas cosidas unas a otras. Se trata de un homenaje a la mujer, a lo femenino, a la historia de las mujeres y al hacer de las mismas.

Patchwork se le llama a las colchas cosidas con diferentes retazos de tela. Es una forma de creación tradicional con una rica historia antropológica ligada a la mujer.

Quilting bees

Durante los siglos XVIII y XIX en la colonial América del Norte, las mujeres a menudo cosían patchwork como una forma de reutilizar telas sobrantes y crear colchas y mantas decorativas para el hogar. Estas colchas eran tanto funcionales como expresiones de creatividad y habilidad artesanal. Además, era una forma de unir a las comunidades a través de la enseñanza y el intercambio de patrones y técnicas. Las mujeres coloniales en Nueva Inglaterra, a menudo organizaban reuniones sociales conocidas como “quilting bees (abejas que hacen colchas)” o “fiestas de costura” donde cosían juntas.

Recibían este nombre porque se asemejaban al trabajo colectivo de las abejas en una colmena. Durante estos eventos, las mujeres se reunían para coser, compartir historias, intercambiar patrones y disfrutar de la compañía mutua mientras realizaban sus labores de costura. Eran eventos importantes en la vida comunitaria y proporcionaban una oportunidad para fortalecer los lazos sociales y compartir conocimientos entre las mujeres coloniales. Las fiestas de costura alcanzaron proporciones míticas como símbolo de la naturaleza cooperativa del trabajo colonial temprano. Era tiempo de urbanización del territorio, de industrialización… había enormes oleadas de migración y movilidad geográfica. Los estadounidenses se sintieron separados de sus vecinos y comunidades, alienados con tanto trabajo y abrumados por los cambios. Sus vidas pasaron rápidamente de la agricultura a la industria y anhelaban lo que percibían como una forma de vida más simple.

Las mujeres podían trabajar en proyectos individuales o colaborativos de patchwork, mientras charlaban y disfrutaban de la compañía de otras personas. Proporcionaban un espacio donde las mujeres podían apoyarse mutuamente, compartir historias y experiencias de vida, y fortalecer sus relaciones personales y comunitarias.

El Patchwork compostelano

Partiendo de esas reuniones americanas donde la hermandad entre mujeres crecía mientras se creaban piezas artesanas y se contaban historias que pasaban de madres a hijas, la artista realizó una gigantesca colcha. Era tan grande que cubrió la plaza entera. Para ello se usaron miles de metros de restos de textiles donados por grandes diseñadores que fueron cosidos por personas voluntarias. Como en la mayor parte de los macroproyectos de Luz Darriba, el trabajo es voluntario y cooperativo. Esta vez, con el significado añadido de ese homenaje al trabajo conjunto de las mujeres de Nueva Inglaterra hacedoras de los patchworks tradicionales.

En Compostela las manos que cosieron la potente alfombra fueron mujeres del entorno de la artista y las internas del centro penitenciario de Bonxe. Se trata seguramente del trabajo de arte cooperativo más grande de España, siendo además pionero de proyectos similares.

(Vídeo sobre una pieza de arte cooperativo muy posterior a Patchwork que denuncia la trata de personas para la explotación sexual. Una pieza muy hermanada al arte de Luz Darriba tanto en filosofía como en temática)

El propósito de Patchwork fue llamar la atención de la grave situación actual con respecto a la violencia de género. El proyecto estuvo activo los días 24 y 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Como siempre, dentro de este tipo de acciones no hay nada casual. Además de un lugar emblemático, esta vez el más emblemático de Galicia, la alfombra era visible desde lejos por su infinidad de colores y formas diferentes de los recortes. Hubo muchas cámaras aéreas recogiendo imágenes y videos del resultado y se corrió la voz en seguida. Una vez más, se llama la atención del gran público para denunciar, informar y pensar colectivamente.

En esta ocasión la artista escogió una forma más abstracta y bella de crear conciencia. Otras veces, como en Antropofagia, optó por la provocación y el intencional rechazo del público. Con este método, menos agresivo y más monumental, el mensaje llegó asociado al día del calendario y ayudó a la divulgación general del cometido. Una denuncia en forma de homenaje al saber hacer de las mujeres trabajando en conjunto, contándose historias, ayudándose y creciendo.

Homenaje también a las labores artesanales de costura, tan arraigadas en la historia antropológica de las mujeres. La artista americana Judy Chicago  también incluía en sus obras este tipo de ejercicios plásticos, alabando las técnicas que muchas veces nos fueron impuestas y otorgándoles el valor material y estético que merecen.

Prince Charming, El príncipe encantador 2004

Luz Darriba experimentó en varias ocasiones con la creación de collages digitales. Pretende, a través de ellos, contar historias o transmitir conceptos explícitos al público.

En el mismo año de Patchwork creó una serie de fotomontajes/collage digital a modo de fotonovela pero con cada frame enmarcado por separado y un único texto en prosa narrativa. Los personajes eran muñecos tipo Barbie y Ken y contaba la historia de una mujer maltratada.

En cada cuadro se presenta una escena de la vida de la protagonista con su pareja. Está el noviazgo, la boda, la rutina de casa, los primeros maltratos físicos, momentos más violentos y las marcas y heridas en la piel…

Esta obra desacraliza el amor romántico y pretende que reflexionemos sobre él.

El texto que acompaña las imágenes, escrito por Micaela Fernández Darriba, cuenta la historia de la protagonista en tercera persona y en un tono austero e inocente. La voz narradora hace el papel de sociedad dormida que no se espera el fatal desenlace. Este punto entre irónico y acusador de la narración nos interpela y nos convierte en cómplices a todas las personas lectoras, ya que la sociedad completa está metida en un sistema opresor y de todas depende salir de él.

En este caso, la artista funciona una vez más como canal comunicador para que tengamos presente la problemática, ya que es cosa de todas.

El hecho de que haya elegido muñecos en vez de personas reales posando, hace que pensemos en abstracto y no en una persona concreta. Cualquier persona es la protagonista. Un arquetipo genérico que nos convierte a todas en posibles víctimas. Además, ese tipo de muñeca, con la voluptuosidad, los pies preparados para los tacones, los pechos abultados y la cintura diminuta, es precisamente un hándicap añadido a la represión que ejerce la sociedad en la realidad de las mujeres.

En este momento, con la película de Barbie tan reciente, se intenta enmendar y mejorar este problema de objetivización en la infancia a través de la muñeca. Han ensanchado su figura y creado diversos modelos con todo tipo de físico; sin embargo, en el imaginario social, esta muñeca infantil sigue siendo un modelo femenino estereotipado y nada positivo para los cerebros en desarrollo de las niñas, que las toman como modelos de mujer.

Está tan arraigado el papel subyugado de la mujer en la sociedad que el maltrato en la adolescencia está a la orden del día.

Las parejas jóvenes, lejos de estar un paso por delante en pensamientos y comportamientos igualitarios, están aumentando estadísticas desde la aparición de las redes sociales.

La activista Pamela Palenciano lleva más de 10 años hablando con adolescentes sobre su propia experiencia como adeloscente maltratada. Lo hace a través de un monólogo que estuvo 3 veces denunciado, ya que la acusan de adoctrinar a las adolecentes.

El trabajo de Pamela Palenciano tiene la misma raíz que el de Luz Darriba: Sembrar, mediante sus acciones, semillas concienciadoras que florezcan y den vida a nuevas formas de vivir, pensar y ser.

Prince Charming se expuso en la galería compostelana José Lorenzo en el 2004 y actualmente está en la colección permanente del Museo de las Mujeres de Costa Rica.

Guante Negro Guante Blanco 2005

Este proyecto de Luz Darriba fue el más emblemático y recordado de las acciones que ideó abordando la violencia de género.

Como en casi todos los macroproyectos de la artista, Guante Negro Guante Blanco contó con personas voluntarias para su producción. En este caso, fue un grupo de mujeres asociadas para lograr salir de la prostitución. Personas con una lucha personal de tal calado que resultaron ser pieza clave para el cometido de la obra.

Proyecto:

Guante negro, guante blanco fue una instalación realizada en la Plaza de Santa María, enclave en el que se encuentran la catedral de Lugo, la sede del Obispado y la sede central de lo que entonces era Caixagalicia. Un enclave que fue elegido deliberadamente para esta acción. Tuvo lugar el 25 de noviembre de 2005 y consistió en la instalación en el suelo de la plaza de 30.000 pares de guantes: quince mil negros y quince mil blancos. La mitad de dichos guantes habían sido pintados a mano por un grupo de voluntarios, dado que ninguna empresa local quiso teñirlos de negro. La intención de esta obra era plantar un debate público acerca de la violencia física y la violencia simbólica que se ejerce contra las mujeres, simbolizadas ambas en los guantes negros y blancos, respectivamente.

Web de Luz Darriba

Fue ideado y proyectado en la plaza de Santa María de Lugo, en frente a la catedral. No se trata de algo casual. El objetivo, como explica la propia artista en su página web, es generar un debate público y mediático. Como decía Mónica Alonso en su entrevista:

O acto de tomar un espazo emblemático ou non, ou tomar outro. Son todo decisións que se van tomando en relación a obra de cada unha… Eu quero que o entendas. Necesitas entendelo. Entender que o artista non fai as cousas porque si. Hai un motivo para todo.

Fue un día muy lluvioso y eso contribuyó de manera positiva, puesto que los guantes que se colocaron en el suelo, se mojaron y se adhirieron al mismo, creando un efecto mucho más impresionante. Las voluntarias le indicaron a la artista que parecía un mar con olas.

El pais Guante negro guante blancoFue el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La artista plantea acciones prácticamente todos los años y ese año fue extraordinariamente mediático. Fue la portada nacional del diario El país y tanto prensa escrita como televisión se afanaron en documentar esta instalación llevada a cabo por voluntarias venidas del mundo de la prostitución.

Pensamientos colectivos

Hubo además una iniciativa de participación popular que animaba a la reflexión activa. Cuando las personas se acercaban, además de plantear el tema y hacer labor de concienciación social, la artista pedía a los y las viandantes que dejasen un pensamiento escrito en una libreta. Cuadernos con impresiones populares sobre la violencia de género y la represión que sufren las mujeres. Se reunieron más de 200 testimonios, demostrando así que la acción consiguió parte de sus objetivos: Abrir debate y concienciar.

Este tipo de iniciativas donde se pide una pequeña acción de los viandantes se hacen por dos motivos esenciales:
  • Dejar constancia documental del pensamiento social de un momento concreto de la historia
  • Hacer que cada una de esas personas reflexionen sobre un tema vital y sembrar así una semilla que florecerá en el futuro. Esas personas recordarán ese momento, lo comentarán, lo debatirán con otras… ese es el verdadero sentido. La concienciación se puede expandir exponencialmente desde una semilla sembrada por una acción performativa de arte contemporáneo.

Guante negro guante blanco La prostituciónLa Concellería de Muller e Benestar Social del Ayuntamiento de Lugo respaldó este proyecto en cuanto a logística y promoción, obteniendo así el aval necesario para intervenir el espacio público en un día tan señalado como ese.

Como colofón, y como casi siempre en este tipo de obras de Luz Darriba, el desmantelamiento culminó con una ayuda social. Los guantes fueron vendidos por 1 euro cada uno y el dinero fue donando a una casa de protección a la mujer en Latinoamérica.

Dos días después, El País sacó este artículo:

La trata es, sin duda, uno de los problemas más urgentes en nuestra sociedad. Sin embargo, la sociedad en general no lo estima de esta manera. Es una falta de concienciación premeditada.

Luz Darriba lo ha tratado en numerosas ocasiones.

Palabras +  2006

En noviembre de 2006, un año después de la icónica instalación de Guante Negro Guante Blanco, Luz decidió abordar el tema de la violencia de género desde un ángulo diferente. Tomando un lugar público se llega a miles de personas y se deja huella en la ciudad a nivel histórico, lo que es de vital importancia a nivel social. Sin embargo, hay determinados sectores a los que es más difícil llegar, y se necesita un enfoque diferente. Se trata, en este caso, de las personas en la edad adolescente. Se trata de una edad en la que las prioridades cambian, se empieza a madurar, a sociabilizar en grupo y a afrontar los problemas desde una gran visceralidad. Sabiendo eso y teniendo en cuenta la importancia de la educación para la erradicación de la violencia de género, la artista visitó varios centros de educación públicos para charlar y sacar conclusiones con la gente joven.

Se habló sobre la violencia de género, sobre como prevenirla a través de valores de respeto y empatía y generando diálogos entre chicos y chicas para debatir sobre la mejor forma de acercarnos a un mundo entre pares.

Web de Luz Darriba

Atacar el problema desde la raíz pasa por la educación y, a pesar de que todos aprendemos durante toda la vida, abordar a gente joven y en sus centros de enseñanza es esencial para avanzar como sociedad.

Luz Darriba realizó estas charlas desde la confianza y la empatía, con una gran rigurosidad en la temática y tratando a las y los estudiantes como personas completas que razonan y sienten.

Después de las charlas, invitó a estudiantes y profesorado a participar en una gran instalación en Compostela. En la Plaza del Obradoiro. Repitió el emplazamiento de Patchwork pero, esta vez, el proyecto fue mucho más explícito conceptualmente hablando. La colaboración ciudadana que requieren siempre las obras públicas de la artista, vino en esta ocasión por el propio estudiantado.

Realizaron un crucigrama de 2000 metros cuadrados en el que aparecieron palabras relacionadas con el feminismo, la igualdad y la dignidad individual.

Una acción conjunta que seguramente ha marcado la conciencia de jóvenes y mayores.

Imagen Obradoiro de Wikicommons